Las políticas educativas deben justificarse sobre la base de argumentos sólidos, es decir, de razonamientos convincentes basados en evidencia o información objetiva. Tales razonamientos deben partir del análisis del sistema educativo en su conjunto para, a continuación, fijar prioridades de actuación. Este artículo ofrece argumentos que defienden la necesidad de establecer como prioridad urgente en la Comunidad de Madrid la reducción de la segregación social del alumnado y una mayor dotación de recursos a los estudiantes que provienen de entornos más desaventajados.
En sistemas con una inclusión social baja (o segregación social alta) los alumnos tienen menos probabilidades de compartir centro con compañeros de un origen socioeconómico distinto al suyo. El índice de inclusión social de PISA (que toma valores entre 0 y 100) nos permite medir el grado con el que los diferentes colegios acogen estudiantes de diferentes perfiles socioeconómicos. La Comunidad de Madrid tiene el índice de inclusión social más bajo de las 14 Comunidades Autónomas inscritas en PISA 2012, con 68,8 puntos, lejos de la siguiente (Cataluña, con 74,3) y a gran distancia del máximo de La Rioja (85,8). Por ponerlo en perspectiva internacional, en Madrid hay más segregación que en otras regiones con grandes ciudades como México DF, Río de Janeiro, Lazio o Lombardía, y similar a Sao Paulo. Asimismo, Madrid es la tercera Comunidad Autónoma con el menor índice de inclusión académica (grado entre 0 y 100 con el que los colegios acogen estudiantes con diferentes rendimientos académicos), con 82,8, solo por delante de Cataluña y País Vasco (79,1 y 79,7, respectivamente). Estas tres comunidades están lejos de la región a la cabeza, de nuevo La Rioja, con 91,9.
Como apuntan varios estudios con pruebas internacionales (aquí o aquí), una excesiva segregación puede tener efectos perniciosos en el aprendizaje para aquellos alumnos que provienen de entornos socioeconómicos bajos, y no beneficiar a quienes provienen de entornos socioeconómicos aventajados. Los compañeros de aula y el contexto de la escuela son determinantes de cara al desempeño escolar, como influencia directa, a través de la transmisión de hábitos y expectativas. Dicho de otro modo, constituyen un estímulo (o un freno) en la trayectoria académica, personal y profesional. Esto afecta al conjunto de la sociedad, ya que una inadecuada inclusión del alumnado lastra nuestra economía, al impedir la integración exitosa de parte de los niños y niñas en el futuro mercado laboral. Asimismo, la segregación tiene un impacto en la cohesión social, al limitar fuertemente la convivencia intercultural e interclasista(también para los profesores), esencial para la formación de ciudadanos dialogantes, activos y responsables. Además, la alta segregación social no es solo una traba para la trayectoria escolar y laboral, sino también para el bienestar subjetivo de los estudiantes. Hay que recordar, en este punto, que la cohesión social y la igualdad de oportunidades son fines fundamentales de nuestro sistema educativo (art. 2, Ley Orgánica 8/2013, de 9 de diciembre, para la mejora de la calidad educativa). Parece poco discutible, por tanto, que la Comunidad de Madrid tiene índices muy preocupantes de segregación socioeconómica en sus centros educativos.
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