¿Qué observamos si miramos a nuestr@s hij@s? Pues en primer lugar que la Jornada Continua somete a nuestr@s hij@s a un ritmo más intensivo (por algo se le llama a esta jornada en el mundo laboral, jornada intensiva), y, en segundo lugar, que la Jornada Continua acorta su tiempo de escuela. ¿Y esto es mejor para nuestr@s hij@s? Parece razonable pensar que si la jornada se intensifica también lo hace el ritmo de trabajo. A nuestr@s hij@s se les somete a un ritmo más fuerte y además más prolongado (5 horas seguidas).

Los expertos en este tema y la práctica generalizada aconsejan, como límite máximo de una jornada, bien
media jornada, bien jornada intensiva, que no sobrepase las cuatro horas o a lo sumo cuatro horas y media. Límite
máximo. Y no hay que olvidar que los ritmos intensivos son perjudiciales para todos, pero especialmente para los que tienen mayores dificultades. Los ritmos intensivos no son las mejores condiciones para el aprendizaje. Éste necesita su “tempo”. Su tiempo para conocer, su tiempo para elaborar y su
tiempo para consolidar. El tiempo para educar, dicen algunos profesionales, necesita ampliarse, nunca reducirse.

Educar es cada vez más complejo, cada vez hay más temas que se organizan de forma sistemática e intencionada. Esto es el hecho educativo y que se quieren llevar a la escuela, como lugar específico e idóneo para la formación.
Todo esto sin mencionar la alteración que supone el prolongado tiempo sin comer en una sociedad donde abundan los desayunos escasos y poco consistentes.

Ante esto Uds obtengan las conclusiones. Hemos expuesto nuestras dudas.

Fuente: documentación FAPA, «Jornada Escolar»