“… En las comunidades autónomas donde está implantada la jornada continua está decisión ha sido irreversible, en ningún caso ha mejorado el rendimiento escolar del alumnado, no se han cumplido los compromisos que se adquirieron para su establecimiento (van desapareciendo comedores, el transporte se reduce limitando la participación en actividades extraescolares, se cierran los centros por las tardes…), y la situación de los niños y niñas con más necesidades educativas y sociales empeora.
La jornada continua tiene más inconvenientes: las clases son más cortas, por lo que el profesorado dispone de menos tiempo para impartir su materia; la falta de tiempo obliga a éste a encargar más deberes al alumnado, y hay muchos padres que no pueden ayudar a sus hijos con los estudios, porque no tienen la formación adecuada; muchas familias se ven impulsadas a acudir a clases particulares, mientras que otras no pueden afrontarlas económicamente. Este tipo de jornada agranda las desigualdades sociales.
Por todo ello, consideramos que la jornada continua no contribuye en absoluto a combatir el fracaso escolar, supone un recorte en el derecho a la educación de los niños y niñas, y un retroceso para la educación pública. Este tipo de jornada es un obstáculo para eliminar las desigualdades sociales. Es cierto que en muchos centros educativos los padres han votado por el cambio de horario, muchas veces desinformados sobre sus consecuencias pedagógicas, con información facilitada por el profesorado, que tiene una mayor capacidad de influencia y medios que las organizaciones de padres y madres. El profesorado hace creer a las familias que la jornada continua puede mejorar la educación de los niños y les presenta proyectos incompletos, con información que no se puede contrastar, no avisan de los inconvenientes de este modelo para los alumnos, ni de la postura de los expertos o de las confederaciones y federaciones de AMPAS. Y mientras las familias creen estar hablando de un tema educativo, en realidad los docentes están defendiendo una mejora de sus condiciones laborales.
Es un error que la Administración delegue en las familias la responsabilidad de decidir el horario laboral de los maestros de sus hijos. Por esta razón cada curso hay tantos enfrentamientos en las escuelas. Y muchas familias quieren evitar la confrontación con el profesorado…”
(Jornada escolar y desigualdad – El Diario Montañés)
